Bodega Talleri
Una bodega que convierte el proceso de elaboración del txakoli en parte de su propia arquitectura
BODEGA DE TXAKOLI EN MORGA
La bodega se encuentra en un privilegiado entorno rural del barrio Errota, en Morga. La idea surge con el propósito de reunir en un único espacio la elaboración y crianza del txakoli, concentrando en unas mismas instalaciones los procesos que hasta entonces se desarrollaban de manera dispersa. Esta decisión permite incorporar nuevas herramientas y sistemas de producción, mejorar el control sobre el producto y profesionalizar una actividad estrechamente vinculada a la tradición y al territorio, entendiendo la arquitectura como parte de este proceso de transformación.
Tras analizar las características de la parcela, hasta entonces sin urbanizar, se decidió situar el edificio en su zona sur, la más elevada, para dar a la bodega una presencia propia dentro del paisaje. La implantación establece así una relación directa con el entorno y permite que la arquitectura se integre en el territorio que la rodea.
La propuesta se apoya en dos ideas. Por un lado, la transparencia entre interior y exterior, resuelta con grandes cerramientos acristalados que abren los espacios de trabajo al viñedo. Por otro, una cubierta de geometría curva que acompaña el relieve de las montañas del entorno.
«Una cubierta curva que se posa sobre el terreno como una hoja caída de un árbol.»
Una edificación organizada en dos niveles de producción.
La bodega se ordena según las distintas fases de elaboración del txakoli. Así, la arquitectura acompaña el propio recorrido del producto, desde la entrada de la uva hasta su transformación y preparación para la salida, con una relación clara entre los espacios que intervienen en cada paso.
La planta baja concentra la llegada de la uva, su descarga, selección y maceración, además de la zona de depósitos. La planta inferior reúne los espacios de las fases posteriores: laboratorio, sala de microvinificación, embotellado, almacenamiento, vestuarios e instalaciones.
La elección de los materiales refuerza la relación entre producción y arquitectura. El proyecto combina hormigón, vidrio, madera y cobre, y utiliza cada uno según su función. Los muros de hormigón forman una base sólida, de carácter industrial, mientras que el vidrio aporta ligereza y transparencia en las zonas más representativas. El perímetro de la zona de almacenamiento del caldo se cierra con un gran acristalamiento que deja ver desde el exterior parte de la actividad interior y convierte el propio proceso de elaboración en parte visible de la arquitectura.
Sobre el conjunto, una estructura curva de madera laminada forma la cubierta y da al edificio una escala más cálida. El acabado exterior en cobre completa la composición: es un material que cambia con el paso del tiempo y adquiere una tonalidad cada vez más integrada con el paisaje. Un proceso que dialoga con la esencia de la bodega, donde el tiempo también es parte necesaria de la transformación de la uva en txakoli.
Un gran aro de madera enmarca el acceso y conduce a la zona de recepción, desde donde se llega a las salas de depósitos y de prensado.
En las fachadas oeste y norte, la cubierta se prolonga sobre una terraza en forma de L: un espacio de transición entre la bodega y el paisaje, donde la madera de la estructura queda a la vista.
La urbanización de la parcela completa la intervención, con los accesos y viales necesarios para el movimiento de vehículos y mercancías, de forma que las nuevas instalaciones funcionen de manera integral.
Una arquitectura que reúne producción, materia y paisaje para dar forma a una nueva manera de elaborar y entender el txakoli.